La palabra error ha emitido innumerables referentes negativos a lo largo de la historia. ¿Pero por qué llamar asà a una exposición de arte? Mientras recorremos las salas, el mismo Urs nos habla de la belleza de error. Según él, ésta comienza en mismo nombre (el cual es per sé muy bello) y termina en la idea de que todo lo exitoso que hacemos en la vida es potencialmente un error.
Y aunque en términos epistemológicos, el error está en contraposición con la verdad, Fischer no se aleja de los parámetros del arte actual, en casos como el arte Glitch, por ejemplo, el error tecnológico surge a manera de una epifanÃa o una revelación que al salirse del orden técnico, se convierte en una verdadera creación.
En esta exposición, particularmente la serie de cuatro nuevas piezas creadas digitalmente en iPad, nos acercan a este tipo de estética del error digital. Cuatro piezas que representan entornos domésticos imaginarios con composiciones surrealistas, creados en pantalla de iPad, donde Fischer se aleja del orden plástico clásico para pintar con luz, moviendo pixeles iluminados, reflejando los sutiles cambios atmosféricos a lo largo del dÃa, la noche y las estaciones del año.
Además del concepto estético del accidente o del error, para Urs Fischer el significado de sus piezas se encuentra inmerso en la sustancia y el proceso de su creación, en el que las ideas se convierten en materia y los materiales adquieren vida propia. De aquà surgen varios ejemplos y algunas anécdotas que nos contó: en una sala encontramos una una cabaña de tamaño natural construida con barras de pan, espuma expansible, madera y alfombras persas en su piso; una casa que se descompone con el tiempo, arroja migajas al suelo y emite un olor distinto y penetrante, Bread House (2004). Esta pieza me incitó a preguntarle a Fischer si tenÃa relación directa con el consumo de pan en su cultura suiza, lo cual negó rotundamente, pero además afirmó que habÃa surgido de una frase de su hija: cuando Fischer construÃa dicha casa con madera, la niña le llamó “la casa de pan”. De ahà él decide comisionar la producción de piezas de pan de varios tamaños para usarlos como ladrillo, vigas y tejas.
Es entonces que la concepción de la obra es curiosamente irrelevante, no asà la dimensión que adquiere la materia en forma de pieza y la vida que de ella se desprende al experimentarla: el olor de las migajas caÃdas y pisadas en la alfombra, los referentes que alude, la activación de los sentidos y las emociones que resulta de todo ello.
La exposición presenta piezas de gran escala, esculturas, instalación y piezas de origen digital, donde el artista se expande en una gran variedad de posibilidades de materia, sustratos y superficies: además del pan que cubre una cabaña, hay por ejemplo una escultura creada con un elaborado proceso de fundición de aluminio (In Horse), esculturas de cera consumidas por el fuego de su propio pabilo, una cama deforme hecha de aluminio, rellena de poliéster y poliuretano acrÃlico, la cual está colocada justamente debajo de 3,150 gotas hechas con acero y yeso, colgadas cada una de un hilo de nylon y simulando una sueño de lluvia, asà como las pinturas en paneles de aluminio, cubiertas de “primer” epóxico y acrÃlico, con tinta acrÃlica e impresas con serigrafÃa vinÃlica, entre muchos otros materiales.
Estas últimas, de la serie “Problem Paintings” son cabezas o rostros cubiertos parcialmente por una imagen de naturaleza muerta serigrafiada, logrando en su textura diferente un choque de sistemas de representación plástica.
En la serie de Phantom Paintings, el fondo es el rostro de Fischer obstruido o camuflajeado con texturas que imitan trazos de óleo, pero impresas en serigrafÃa vinÃlica, lo cual ofrece una visión subversiva a través del choque de texturas, métodos y técnicas. Y que además sugieren un proceso artesanal que genera una apariencia salida de un error.
Las tres esculturas de cera de la serie “What if the phone rings”, 2003, son particularmente imperfectas, sus rostros son un dibujo mal trazado, son tres mujeres desnudas que sonrÃen en un error deliberado pero evitable, pues se consumen por su mecha durante el tiempo que dura la exposición. Ellas y su inherente error serán extintos por su propia combustión, el error tendrá vigencia, porque asà como nos dijo el mismo Urs: “esas esculturas son como la vida y como todo: tienen un fin”.
Hasta el 1o de octubre de 2019. Brant Foundation, Greenwich, Connecticut.
Es posible solicitar un tour privado a través del sitio de internet brantfoundation.org
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