En la serie El Brillo, fragmentos de vidrio recogidos de escenas de violencia son bordados con hilo de oro sobre terciopelo negro en prendas de alta costura por diseñadores de Nueva York. Las armas y las balas fabricadas en Estados Unidos –con las que se facilita y concreta la violencia, la muerte y la destrucción–, han creado un mercado de riqueza y consumo inagotable. Los vestigios de destrucción de un vidrio, al tiempo que alguien moría, son llevados al glamour, tal como el comercio de armas en la frontera se alimenta de sangre y muerte. Para Margolles, el trabajo sirve para “implicar ideales ligados al gusto y la clase, a menudo impuestos al cuerpo, con un costo humano. Estas nociones occidentales de dignidad están conectadas con la forma en que los cuerpos subordinados son tan a menudo considerados desechables, y la imposibilidad de que las víctimas sean reconocidas más allá de un estado de humillación”.
Super Speed / El Paso, Texas, 2020 es una foto de 24 cartuchos Winchester calibre 12, que la artista compró en un Walmart de El Paso, Texas, el mismo donde un hombre mató a 22 personas, un año antes de la exposición. Los cartuchos de la foto son de color rojo encendido, y están colocados a manera de corazón humano. La caja de cartuchos le costó 5.93 dólares. El recibo de la compra está también expuesto y además impreso en carteles que el espectador se puede llevar consigo. El color rojo sangre de los cartuchos irónicamente ya venían así, y en la foto forma un corazón de balas sobre un fondo negro absoluto en segundo plano, como sostén y como consecuencia.
Además, la exposición presenta dos bancas construidas con materiales recogidos de la escena de un asesinato en Ciudad Juárez y coladas en cemento, que como tantos otros trabajos de Margolles, no equivalen a una metáfora, no son referentes; son el dolor, la pérdida, la brutalidad y la injusticia materializados.
Teresa Margolles ha fabricado banderas de genocidio pintadas con sangre que ella misma recogió; ha limpiado el piso con agua donde gente yacía inerte, para después absorberla con trapos, exprimirla y edificar esculturas de cemento; ha asistido a tiroteos para recoger sus restos; ha convivido con comunidades insertas en violencia e injusticia, y recogido objetos acompañantes de la muerte. Con todo ello ha llevado su implacable arte a todo el mundo. Ha estado múltiples veces en la Bienal de Venecia, en donde recibió una mención de honor del jurado en 2019. Tan solo en ese mismo año, hizo exposiciones individuales en Austria, Bélgica, Chile, Venecia, Colombia, Holanda. Asimismo, ha expuesto y es parte de múltiples colecciones de arte en Italia, España, Alemania, Polonia, Canadá, Estados Unidos y México, por mencionar solo algunos.
En la entrega de Nueva York, Margolles expande la responsabilidad, delatando, con objetos de muerte, a la industria bélica, la economía global y sus consecuencias en marginación y muerte, el terrible lugar donde el trabajo de Teresa Margolles justamente comienza.
Susana Cabrera
Publicado el 15 de febrero de 2020 para Apocrifa Art Magazine









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